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Efemérides Fueguinas: 126 años del remate público de Selk’nam de Tierra del Fuego.

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En el día de hoy, se cumplen 126 años desde que se efectuó en la ciudad de Punta Arenas, un gran remate público, de seres humanos indefensos, los Selk’nam u Onas, avalado y apoyado por las autoridades de Tierra del Fuego, tanto chilena como Argentina. El único objetivo que se perseguía, era dejar el terreno libre a la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, la cual fundara en 1894 sus primeras dos estancias en la isla, Caleta Josefina y San Sebastián, ocupando el millón de hectáreas que le había concedido el gobierno chileno.

Un extracto presentado ante el juez de Punta Arenas por el sacerdote salesiano Maggiorino Borgatello al respecto dice:

Los días 7, 8 y 9 de agosto de 1895, se efectuó la ignominiosa repartición de los indios, que en Punta Arenas fue llamada con el nombre muy apropiado de remate público, en medio de escenas las más desgarradoras, sacando por la fuerza los hijos de los brazos de sus padres, para hacer de ellos tantos esclavos. Si bien es verdad que la Comisión exigía que los nuevos amos de aquellos niños, firmasen un documento, en el cual se decía que devolverían a sus padres esas criaturas cuando aquellos los pidieran, esto no era sino una vana formalidad, ridícula además, porque desde luego los padres protestaban que no querían abandonarlos y los hijos también no se sabían deshacer de los brazos de sus parientes para entregarse a personas que no conocían.

Una vez que fueron echados al Río de la Mano y obligados a vivir a la intemperie recibiendo agua nieve y frío en la más cruda estación. Por los malos tratamientos recibidos, por el hambre y nostalgia y sobre todo por verse privado de sus criaturas, sin saber noticias de ellos, todos cayeron miserablemente enfermos y no pocos han muerto . Me acuerdo que el día 24 de agosto el doctor N. Aranis vino a mi casa y en presencia de don Fortunato  Griffa, con el acento de la más viva indignación, decía que había visitado en aquel, el campamento indiano y que había visto tales horrores, son sus palabras textuales,” que los autores de tanta maldad era imposible que escaparan de la ira de Dios”. Contaba que todos los indios estaban enfermos, quien de pulmonía, quien de indigestión y sobretodo de nostalgia, entre los cuales había nueve que no pasarían la semana sin morir, porque estaban muy graves, que lo peor era que esos enfermos, así de gravedad como se hallaban, eran enteramente abandonados y mucho yacían sobre la nieve o barro, sin abrigo ninguno, y casi desnudos por completo. Me dijo que había dado cuenta a la policía, pero que por lo visto, preveía que no se había hecho nada por ellos. Ayer añadía ha muerto uno, hoy otro y si se sigue de esta manera, en breve todos morirán. Sería una grande caridad, si vosotros salesianos, pudieseis recibirlos en vuestra casa. Yo le contesté que con mucho gusto los habíamos admitido y tratado lo mejor  que hubiéramos podido; pero que no ignorábamos el motivo porque estuviesen padeciendo aquellos pobres infelices y era precisamente por odio a nuestra institución; presentarnos al gobernador para pedírselos sería lo mismo que exponernos a una burla y a recibir una negativa, y que por eso no creía conveniente hacer esos pasos.

En su libro “Mis viajes a la Tierra del Fuego” de Alberto María de Agostini, primera edicion1929, escribió:

Desgraciadamente prestaron fe las autoridades a toda estas patrañas de crueldades de los indios Onas, y mandaron tropas a la Tierra del Fuego para reducirlos a esclavitud.  Enteras tribus de indios fueron perseguidas, acosadas, cercadas, hechas prisioneras y arrebatada sus tierras, para llevárselos a Punta Arenas como rebaños, bajo el pretexto de sacar a los infelices de la miseria en que vivían, y darles el alimento y vestidos de que carecían. La responsabilidad de esta guerra de exterminio contra los indios Onas recae, en gran parte sobre el gobernador Don Manuel Señoret, que en aquel tiempo gobernara el territorio de Magallanes. Para tutelar los intereses de algunos señores a quienes el gobierno chileno había alquilado grandes extensiones de terreno en la Tierra del Fuego, y además por odio a los Misioneros Salesianos, que quería expulsar de la Isla Dawson para tomársela el, favoreció de la más indigna y cruel manera la persecución contra los indígenas, sometiéndolos a indesibles torturas, y favoreciendo su destrucción, fueron hechos prisioneros y llevados a Punta Arenas, donde después de haberlos expuestos al ludibrio del populacho donde haciéndoles desfilar casi desnudos por las calles de la ciudad, fueron repartidos entre las personas que los pidieron, sin preocuparse de la honradez de los peticionarios. Hubo escenas desgarradoras al momento de la separación, entre padres e hijos, que no lograron conmover el ánimo cruel de aquel gobernador, y la mayor parte de esos jóvenes acabaron víctimas de las más abyectas pasiones (De Agostini, 1929: 244)

2 COMENTARIOS

    • Que gusto encontrar tan distinguido conocido y amigo, el señor Walter Kestet. He leído también este indignante y salvaje gestación inhimana de colonos europeos. No tendría espacio en este lugar para describir mis pensamientos sobre este horrible desprecio de la vida.

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