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El Caballo en Tierra del Fuego

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El Caballo doméstico llegó a Tierra del Fuego junto a las primeras ovejas a fines del Siglo XIX para colaborar con la actividad ganadera. Sin embargo, ya era evidente la existencia del caballo en los principales asentamientos, donde éste era el principal medio de transporte.

No hay exactitud de, qué raza eran los primeros ejemplares que pisaron la isla, seguramente de una gran variabilidad genética dependiendo su finalidad, caballos de tiro: bretones, percherones “frisones” como le llamaban los antiguos ovejeros; caballos ligeros: ingleses, criollo argentino (mestizo) y caballos de pura raza chilena traídos desde el norte del país. Sin embargo, en la actualidad debido al escaso manejo y control que hubo en aquellos años, sólo tenemos mezclas de todas estas razas sobresaliendo más unas que otras, a favor de la funcionalidad y adaptabilidad.

La iniciación de la ganadería en dicho territorio, sin lugar a dudas, cumplió un papel fundamental en la incorporación, distribución  y adaptación del caballo para las distintas faenas agrícolas, desde largos arreos de cabezas de ganado por la pampa fueguina (incluso hasta un mes), hasta traslado de fardos de lana mediante carretas tiradas por caballos “frisones” hasta el sector de Bahía inútil – Puerto Nuevo y Bahía chilota – Puerto Porvenir. Conjuntamente la llegada de colonos e inmigrantes atraídos por la Fiebre del Oro en el sector “Cordón Baquedano”, no hubiese sido nada de fácil sin la ayuda de estos nobles animales. La inexistencia de caminos, las condiciones climáticas adversas, hicieron al caballo como el mejor y más seguro compañero de viajes en estas latitudes.

Las condiciones ambientales y sanitarias que existen en la isla, permitieron la adaptabilidad y rusticidad del caballo fueguino a través del tiempo, al buscar su propio alimento y desgastar sus pezuñas al galope por las extensas llanuras. Por otra parte, en las estancias donde seguramente cumple una función (caballo de trabajo o de paseo), se le proporciona ciertos cuidados menores; como la alimentación, desparasitación, despalme y herrajes – obligaciones necesarias para el mantenimiento de cualquier caballo doméstico.

Hoy en día tenemos caballos en cada rincón de la Isla, en las estancias, como herramienta de trabajo sigue siendo parte fundamental, aun así, la tecnología y la maquinaría no han podido desplazar al caballo. 

En el sur de Tierra del Fuego – sector de Yendegaia – existen manadas de caballos en estado salvaje o baguales (que no han sido manipulados por el hombre). Éstos últimos, viven en estado completamente natural y ofrecen un maravilloso espectáculo – Manadas de 50 a 100 caballos que galopan libremente bajo lengas y coigües y al viento de coironales interminables. 

Artículo gentileza: Diego Kusanovic, Ingeniero Agrónomo.

Mujer, madre, abuela chocha. Directora, editora, fotógrafa, gestora-fundadora de Revista Mittofire, un sueño largamente acariciado por el gran amor y profundo agradecimiento a la gente de Tierra del Fuego, que me recibió con los brazos abiertos año 2004 y a esta tierra bendita y maravillosa empeñada en dar a conocer al resto del mundo.

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