Tierra Del Fuego se apaga: Las Desastrozas Decisiones Para Combatir La Plaga Del Castor.
Nicolo Gligo, Fabián Jaksić, Fernando Baeriswyl, Hernán Mladinić y Claudio Wernli Septiembre, 2025
Los que vencimos la larga lucha entre 1994 y 2004 contra el demencial proyecto de Trillium, que ponía en peligro los ecosistemas boscosos del hoy llamado Parque Karunkinká afirmamos que nuestro triunfo no era definitivo, pues “las amenazas sobre esos bosques se encubren mimetizan, renuevan y recrean”1. Pero nunca pensamos que íbamos a enfrentarnos, no a intereses económicos, ni a depredadores ambientales, sino a una devastadora plaga de castores coludida con elusivos y burócratas.
En los años 2005 y 2006 un muy exitoso programa de Servicio Agrícola y Ganadero (SAG)2, con aportes del Gobierno Regional magallánico, eliminó 11.700 ejemplares de castores. Desafortunadamente, este programa tan relevante se descontinuó pues no tuvo más financiamiento. Si hubiera continuado con el aporte económico que requería y suponiendo un ritmo de 4.000 capturas/año (debido a la adición de áreas cada vez más difíciles), se calcula que en 18 años podría haberse eliminado entre el 70 y 80% de los castores que habitaban las islas de Tierra del Fuego y Navarino, de una población total estimada de 100.000.
La Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) sucedida por el Ministerio del Medio Ambiente (MMA) en enero 2010, no asumió su clara responsabilidad de continuar el exitoso programa del SAG. Al contrario, dio la impresión de que le puso una lápida, argumentando que para combatir esta plaga era necesario implementar el proyecto “Fortalecimiento y Desarrollo de Instrumentos para el Manejo, Prevención y Control del Castor (Castor canadensis), una Especie Exótica Invasora en la Patagonia Chilena”, nominado también GEF Castor, financiado por la FAO.
Este proyecto tuvo un financiamiento de 2.153.882 dólares provenientes de GEF (Global Environmental Facility)/FAO3 en convenio con CONAMA/MMA. Estos fondos se entregaron en un alto porcentaje a la ONG internacional WCS (Wildlife Conservation Society) actual dueño de las tierras del Parque Karunkinká, y tuvo como objetivo primordial –al margen de los estudios de áreas piloto– apoyar económicamente a esta institución. El gestor directo
1 Ver: Gligo, Nicolo (2006) La batalla por los bosques de Tierra del Fuego, Talleres LOM Ediciones, Segunda edición, Santiago de Chile.
2 Dirigió este programa el médico veterinario Nicolás Soto Volkart. Ver: Soto V, Nicolas, Programa de Control de Especies Dañinas en Magallanes: Caso castor (Castor canadensis) En: Actas del Seminario Taller Vertebrados Dañinos en Chile: Desafíos y Perspectivas (enero 2008), Santiago de Chile. 3 El proyecto involucró además USD 5.636.703 –no en aportes de dinero sino en valoración de expertos e infraestructura de las contrapartes nacionales–, del proyecto fue la WCS y CONAMA/MMA no se involucró mayormente en la ejecución de este.
El proyecto GEF Castor no tuvo como objetivo eliminar castores, sino elaborar planes, repetir consabidos instrumentos de diagnóstico, y establecer pasos burocráticos, para terminar haciendo un listado de proyectos, que bien podrían haber hecho los organismos públicos sin gastar un solo peso. Ningún castor fue eliminado salvo los cazados en las áreas piloto: una, en el mismo parque Karukinká, en territorios de 18.000 hectáreas con bosques y turberas; y otra, en 45.000 hectáreas de la cuenca del río Marazzi.
A comienzos de la década de 2000 ya se había planteado la urgencia del combate al castor como una lucha contra el tiempo, y se enfatizaba que mientras antes se eliminaran los ejemplares, más posibilidades de éxito se tendría. Pero no fue así y algunos funcionarios públicos y privados se jugaron por el proyecto GEF Castor partiendo de cero. La idea debiera haber sido otra: que el Proyecto GEF Castor se hiciese supeditado a la continuación del proyecto SAG ya mencionado.
Los dos proyectos no son comparables, pero sí lo son cuando hay pocos recursos disponibles, por lo que hay que considerar los costos y beneficios alternativos. Dejando de lado los planes de manejo, sistemas de control y prevención, acuerdos nacionales e internacionales, los beneficios concretos en relación con la eliminación de castores del GEF Castor fueron los siguientes:
En el área piloto de Karunkinká se limpiaron 18.481 ha (0,6% de dicho Parque) en la subcuenca de “la Paciencia” y se eliminaron alrededor de 500 castores, en un transecto de 270 km de cauces. Se desarmaron entre 90 y 100 represas (poco más del 1% de las represas inventariadas en el Parque). Para dar comienzo a la restauración ecosistémica se plantaron 12.000 ejemplares de lenga; equivalentes a un área de 12 a 15 hectáreas. Esta cifra es ínfima, si se compara con los miles y miles de árboles necesarios para restaurar las 30.000 hectáreas arrasadas por el castor en el Parque Karunkinká. En el área piloto de la cuenca del río Marazzi, en 45.234 hectáreas de estepa se destruyeron 80 castoreras activas. Extraña que se den por eliminados todos los castores del área sobre la base de la captura de 96 ejemplares, cuando dichas castoreras deberían haber albergado por lo menos 300 individuos.
Es obvio que proyectos como el GEF Castor en algo ayudan, pero por otra parte, dificultan el financiamiento de acciones mucho más concretas. Si los 2,15 millones de dólares del GEF Castor se hubiesen puesto a disposición de la continuidad del proyecto SAG a partir del 2007, hoy en día –18 años después—ya casi se hubiese controlado la plaga. Pagando gastos operativos, capacitación, pago por captura de ejemplares y adquisición de trampas, el costo por castor cazado en el programa SAG fue cercano a los 30 dólares. Los fondos disponibles hubieran permitido cazar unos 80.000 ejemplares. Más aún, se habrían frenado 18 años de expansión de esta especie invasora.
Un proyecto como el GEF Castor para hacer un Plan de Gestión Integrado a 15 años plazo, con un sistema de alerta temprana –pero sin hacer las áreas piloto– se podría haber realizado utilizando la adecuada capacidad técnica del SAG y de la CONAF prácticamente sin aportes de dinero, y sobre la base de dos experiencias previas: El proyecto nacional GEF/MMA/PNUD “Fortalecimiento de los Marcos Nacionales para la Gobernabilidad de las Especies Exótica Invasoras”4y la extraordinaria y relevante experiencia del SAG.
Entonces, ¿por qué, si era tan simple, no se hizo? La explicación hay que indagarla en errores sobre prioridades en la asignación de recursos; en la equivocada concepción de CONAMA/MMA sobre la política ambiental que diera término al problema; en la mezcla de intereses privados y centralismos institucionales; en el olvido que está sumido Tierra del Fuego; y en la mala costumbre nacional de no valorar estudios y proyectos ya realizados y comenzar nuevamente de cero. Esto, sin considerar intereses foráneos.
Los castores han seguido modificando los ecosistemas, haciendo represas, ahogando árboles, destruyendo el hábitat de la fauna y transformando dramáticamente el paisaje fueguino. Se han perdido 18 años de combate a la plaga, en aras de “más ciencia y mayor conocimiento” y de “planes integrados y coordinación binacional”. Es posible que algunos burócratas, ya sea de entes públicos o privados, estén satisfechos con lo realizado, pero los resultados los desnudan y los exponen al juicio público.
No se puede volver atrás. Las equivocaciones hay que asumirlas. No se puede permitir que la Tierra del Fuego se siga destruyendo. El Proyecto GEF Castor terminó el 30 de julio de 2024 y posiblemente servirá como marco de acción, pero nada más. El desafío inmediato es reducir masivamente la plaga y manejarlo en forma descentralizada y eficiente a través del nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP). Este proyecto debería tener altísima prioridad en el financiamiento de los fondos del GORE Magallanes para 2026.
4 El Coordinador Nacional fue uno de los autores de este artículo, Fernando Baeriswyl Rada, quien había ocupado anteriormente el cargo de Seremi de Agricultura de la Región de Magallanes y la Antártica Chilena
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